Tu competencia se lleva las marcas y tú no. Los auspiciadores llegan a su puerta y a la tuya no. Es fácil explicarlo con una sola frase: “tienen contactos”. Es cómodo, no cuesta nada y te deja tranquilo. También es casi siempre mentira.

Antes de buscar un culpable afuera, hace falta autocrítica. Sentarte a hacer una lectura general de tu proyecto y responder algo incómodo: por qué estás valiendo menos que la otra empresa a ojos de una marca. No por qué la vida es injusta, sino qué está viendo el auspiciador cuando te compara.

El problema casi nunca es a quién conoces

Cuando una marca decide con quién asociarse, no está repartiendo favores. Está poniendo su nombre al lado del tuyo. Mira qué proyecto tiene valor real, cuál está posicionado con solidez, cuál genera engagement de verdad y no números inflados. Si la otra empresa se lleva todo, lo más probable es que haya construido algo que a la marca le conviene tener cerca.

Ahí está la buena noticia: si el problema fuera de contactos, no habría nada que hacer. Pero si el problema es de valor, eso se trabaja.

Qué se trabaja, en concreto

Subirle el valor a tu empresa no es un eslogan. Es un orden de cosas:

  • Una propuesta de valor clara. Qué ofreces que la otra no, y por qué le sirve a una marca asociarse contigo. Si no lo puedes decir en una frase, todavía no lo tienes.
  • Reposicionar. Dónde estás parado en el mercado y dónde deberías estar. Una marca quiere estar cerca de un proyecto con autoridad, no de uno que recién arranca a codazos.
  • Engagement real. No seguidores de adorno: gente que responde, que vuelve, que le importa lo que haces. Eso es lo que una marca compra.
  • Posición sólida. Que cuando alguien te nombre en tu rubro, se entienda por qué existes y qué defiendes.

Recién cuando eso está en pie tiene sentido tocar la puerta de una marca.

La presentación también importa

Con el valor construido, todavía queda un paso que muchos improvisan: cómo presentas tu proyecto. Una propuesta a una marca no se manda al azar ni se resuelve con un mensaje suelto. Se arma completa, sólida, pensada para que del otro lado entiendan en minutos qué ganan. La forma en que lo presentas comunica tanto como lo que presentas.

El paso que nadie se salta

Nada de esto funciona sin lo primero: darte el tiempo de entender cuál es tu valor y cuál es el valor actual de tu empresa. Los dos, porque no siempre coinciden. Lo que crees que vales y lo que hoy proyectas al mercado pueden ser cosas distintas, y esa distancia es justo la que te está costando las marcas.

Hay una forma correcta de hacer las cosas. No es rápida ni cómoda, pero es la que separa al proyecto que persigue marcas del que las recibe.

Si vas a competir por auspiciadores este año, empieza por la lectura honesta antes que por la lista de contactos. Si quieres una mirada externa de dónde estás parado y qué te falta para presentarte en serio, escríbenos. Esa conversación es el primer paso.


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