Cuando llevas un negocio, tu día está lleno de cosas urgentes. El cliente que reclama. El pedido que hay que despachar. La cuenta que vence. El proveedor que llama. Todo eso grita, todo eso tiene fecha y alguien esperando del otro lado con una consecuencia inmediata si no lo resuelves hoy.
La comunicación no grita.
Nadie te llama enojado porque esta semana no publicaste ni te sentaste a pensar tu estrategia. Puedes no hacerla hoy, ni mañana, ni en tres meses. Y aparentemente no pasa nada. Ese es exactamente el problema.
El ruido no es lo mismo que el valor
La comunicación es importante, pero casi nunca es urgente. No tiene un plazo que te apriete, no hay nadie del otro lado exigiéndola con fecha. Y en un negocio lo urgente siempre, siempre le gana a lo importante.
No porque lo importante valga menos. Al revés: casi todo lo que define el futuro de tu negocio es importante y no urgente. Le gana lo urgente porque hace más ruido. Porque tiene voz, tiene reloj, tiene a alguien reclamando. Lo importante espera en silencio, y por eso lo posponemos sin sentir que estamos renunciando a nada.
El costo que no aparece en ninguna cuenta
La trampa está en ese «aparentemente no pasa nada». No hay una factura vencida por no comunicar. No hay un proveedor colgado del teléfono. El costo no llega el lunes: llega meses después, cuando el negocio de al lado ocupó el espacio que tú dejaste vacío, cuando tu nombre no aparece en la conversación donde debería, cuando tienes que salir a explicar quién eres justo en el momento en que ya deberían saberlo.
Lo urgente se cobra en el día. Lo importante se cobra en el tiempo. Y como no manda aviso, es fácil creer que nunca llegó la cuenta.
Qué hacer con esto
No se trata de dejar de responderle al cliente que reclama. Se trata de dejar de tratar la comunicación como lo que se hace cuando sobra tiempo, porque el tiempo nunca sobra. Lo importante no se cuela solo entre lo urgente: hay que darle un espacio en firme, con día y hora, como si tuviera a alguien esperando del otro lado. Porque lo tiene. Eres tú, en unos meses.
Si tu comunicación lleva tiempo esperando su turno detrás de lo urgente, esa es la conversación que deberíamos tener. Escríbenos y la ordenamos.

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